CAZAR TALENTOS Y TENER TALENTO

Por Asun Mayor, escritora.

            El 9 de julio falleció Eileen Ford, descubridora de modelos como Naomi Campbell, Elle McPherson y Christy Turlington. Se la conocía por la disciplina férrea que imponía a las alumnas de su agencia y por el abanico de su formación, que incluía protocolo y etiqueta además de saber caminar por una pasarela.

            Estamos hablando de una época que ya ha desaparecido y por eso, las normas que Eileen dictaba nos parecen hoy disciplina conventual con un barniz de dictadura. Sin embargo, después de la entrega de la copa mundial de fútbol del pasado domingo, uno se plantea si no nos habremos perdido algo por el camino y nos encontramos en un punto donde los árboles no nos dejan ver el bosque.

Foto: January 20, 2004 - Source: Evan Agostini/Getty Images Entertainment
            No quiero hablar de los grandes ídolos del fútbol porque me repugna que lo sean solo por dar patadas a un balón y ser grotesca y ridículamente millonarios. Me repugna que casi ninguno de ellos (y es deber mencionar la honrosísima excepción de Emilio Butragueño, que se sacó una carrera universitaria mientras estaba como jugador activo en la plantilla del Real Madrid) sea capaz de utilizar esa idolatría de la que son objeto para hablar a los niños y no tan niños de lo importante que es el estudio, la lectura, formarse, y que el dinero solo es un medio, jamás un fin. Nunca he visto a ninguno con un libro en las manos. Nunca he escuchado a ninguno decir "tengo que estudiar porque no quiero dejar los estudios". Nunca. De hecho, me sorprendo cuando alguno de ellos articula correctamente una frase, no digamos ya un párrafo.

            El fútbol es un deporte. Y en deporte, como en todo, unas veces se gana y otras se pierde porque así son las cosas. Y se necesita elegancia, educación, saber estar y etiqueta tanto si se gana como si se pierde, porque perder no es patente de corso para mostrarse grosero, maleducado, zafio y gañán.
            De lo que iba a hablar es de la falta de talento y de la falta de etiqueta (podríamos hablar sin temor a equivocarnos de falta de educación, pura y dura) que demostró el capitán de la selección perdedora y que los sufridos espectadores no tuvimos más remedio que ver porque las cámaras le enfocaron hasta la saciedad.

Foto: messi.programas-gratis.net/imagenes


            El capitán de la selección perdedora (el ídolo de millones de niños de toda España) subió dos veces a la fila de autoridades: la primera a recoger un trofeo individual y la segunda a recoger la medalla que les acreditaba como subcampeones. En ambas ocasiones el jugador (repito: el ídolo de millones de niños) mostró una desgana, una apatía y un desinterés que cruzaron de largo la frontera de la mala educación y se aproximaron al reino de la grosería y la ofensa. No mirar a los ojos a quien estrechaba la mano, mantener la mano extendida como puro trámite para que la siguiente mano a estrechar se aproximara a la suya (estamos en la fila de autoridades, recuérdelo el lector) y él no tuviera ni que hacer el esfuerzo, no esperar ni siquiera a llegar al terreno de juego para quitarse la medalla de subcampeones y llevarla agurruñada en la mano mientras bajaba las escaleras… este comportamiento, esta actitud, piden a gritos un curso intensivo de educación, etiqueta, protocolo y saber estar. Y la desilusión por haber perdido no es excusa, porque no hay excusas para ser grosero delante de todo el planeta.

            El problema no es que uno tenga más o menos educación. Tampoco lo es, si mucho me apuran, que sepa o no sepa estar. El problema surge cuando alguien a quien los millones han llovido tan de repente como el granizo en verano, se ve convertido en ídolo y solo es consciente de los números en su cuenta corriente y no de que su personalidad, su carácter, lo que le hace una persona, no ha mejorado en la misma proporción y sigue teniendo el triste balance que tenía, cercano a cero. Ahí tenemos un problema, y es de los serios, porque es cuando suceden casos como el del pasado domingo.





            Cuando la universidad de Salamanca era el faro y el norte de la enseñanza en España, allá por el siglo XV, se hizo popular un dicho: quod natura non dat, Salamanca non præstat, versión culta del castizo de donde no hay, no se puede sacar. Sin embargo, sí puede uno utilizar una ínfima parte de esa granizada de millones para adquirir un barniz, por pequeño que sea, de educación y de saber estar. Profesores de protocolo, de etiqueta, de buenos modos, haylos en todas y cada una de las ciudades de nuestro país. Cuando no se utilizan porque no se es consciente de las propias carencias, hemos entrado en el campo de la tragedia.

1 comentario:

  1. Asun, había dejado un comentario en tu entrada, pero parece que el sistema se lo comió.
    Creo recordar que te decía que había cosas cíclicas y que de la misma manera que en la actualidad parece que la vulgaridad, el mal gusto y la total ausencia de modales se viven con normalidad cuando no se aplauden, llegará un momento en que necesitaremos pararnos y comprobar el por qué de nuestros fracasos.
    La mala educación no lleva a ninguna parte y genera enemistades y problemas. Es cierto que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, que es la versión más llana del refrán latino que tú nos cuentas, pero también lo es que para poder mantenerse arriba hace falta prudencia, sabiduría y saber estar.
    Quien no las tenga por mucho que se encumbre terminará por caer y cuanto más alto hayas subido mayor será el golpe.
    Buena reflexión, me encanta que no seas políticamente correcta, eso quiere decir que eres capaz de pensar por ti misma

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